que leesHace tiempo, un empresario de mucho éxito que conocí, me confió con total naturalidad que había bautizado su próspera empresa con el nombre del protagonista del «único» libro que había leído. Por cierto, era un nombre horrible y bastante hortera, por lo que me abstuve de preguntarle cuál era el título de la novela que gozaba de tal dudoso honor.

Del mismo modo, Evo Morales, presidente de Bolivia, reconoció: «Yo tengo ese problema. No me gusta leer». Al menos estas palabras fueron pronunciadas en el transcurso de un acto que promulgaba una ley que rebaja las tasas a la compra de libros, así que diremos que la intención es lo que cuenta…

Por esas fechas, Genoveva Casanova recogía un galardón por promover la cultura como directora de proyectos de la Casa de Alba, y en su discurso nos recordó que «no podemos comprender el siglo XVII sin obras como El Quijote, de Quevedo«. Curiosamente, esa misma semana, la Audiencia Nacional denegaba la nacionalidad a una ciudadana dominicana por desconocer quién era el autor de El Quijote.

Cuando se trata de una «embajadora cultural», tal vez no baste con que sea culta, quizás también deba parecerlo. ¿Cuál de las dos «faltas» es más trascendental…? ¿Se puede ser promotora de la cultura sin conocer la obra de Cervantes, pero esa misma «nimiedad» inhabilita a alguien para obtener la nacionalidad española?

Vale…, es cierto que lo de la primera pudo ser un lapsus debido a los nervios. Y con respecto a la segunda, maliciosamente y para dar más dramatismo a estas líneas, he omitido otra serie de datos que daban prueba de su desconocimiento de aspectos básicos y elementales de la realidad Española que, por lo visto, no pueden pasarse por alto a la hora de conceder la nacionalidad. Sin embargo, la paradoja está servida.

Como diría Mario Moreno «Cantinflas»: ¡cuánta falta de ignorancia!