Los años de peregrinación del chico sin color, Haruki Murakami

Yo, realmente, no sé si Murakami es escritor o cirujano. O patólogo. Lo que sí que sé es que su habilidad para separar, aislar y analizar la sintomatología de los sentimientos es de una precisión quirúrgica. Sí, tal vez sea especialista en patología emocional.

Al igual que el protagonista, Tsukuru, que ante cualquier situación realiza un análisis aséptico del aspecto del interlocutor y del escenario, Murakami parece que pudiera introducirse en los sujetos, y asistir a los procesos físicos y químicos que se producen en su interior durante sus experiencias emocionales.

Curiosamente, uno de los personajes manifiesta: “no sé cómo expresarlo. Creo que, si lo digo con palabras, sonará demasiado simple. Es difícil explicarlo de forma razonada, lógica, porque es sólo una sensación”. Es precisamente lo opuesto a lo que él hace. Aunque sus explicaciones no son complicadas, si no de una claridad y sencillez aplastante, casi visuales.

Tskuru Tazaki fue rechazado por sus cuatro amigos de la adolescencia de forma radical, expeditiva y sin explicaciones. Para Tskuru, este grupo se “asemejaba a una venturosa fusión química que se hubiera producido por pura casualidad. Aunque se hubiesen reunido y preparado con sumo cuidado los mismos ingredientes, seguramente jamás habría vuelto a obtenerse el mismo resultado”. Ser apartado de esa manera le produce un dolor y unas secuelas que permanecen casi veinte años después. Y llega el momento de averiguar cuáles fueron los motivos del rechazo.

Pero esta historia va también de presuposiciones. En ocasiones, la percepción que tenemos de nosotros mismos y del efecto que creemos causar en los demás, condiciona nuestras relaciones y decisiones. Tsukuru se considera un chico desvaído, sin color ni personalidad: “No tengo nada que ofrecer a los demás. Ése siempre ha sido mi problema. Me siento como un recipiente vacío. Dentro no hay ni una mísera cosa a lo que se le pueda llamar contenido”. ¿Hasta qué punto esta creencia habrá afectado a su vida?

Tsukuru diseña estaciones de tren. Murakami es el tren de alta velocidad que te transporta entre lo onírico y lo real -con hilo musical de Liszt de fondo- en un viaje melancólico e introspectivo, con la esperanza de que la estación final sea precisamente eso, esperanzadora.

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