Las reputaciones, Juan Gabriel Vásquez

Las reputaciones es una obra pulcra, impecable. Una lectura que satisface por su contenido, pero también por su continente, pues está maravillosamente escrita y trazada. Es una novela corta pero “grande”.

Mallarino es el caricaturista político más influyente de Colombia, un referente público. Una especie de autoridad que consolida los prejuicios de la gente:

Ahí está tu prestigio, Javier: le das a la gente con qué confirmar lo que ya piensan.”

Su trayectoria profesional va a ser reconocida ante todo el país mediante un homenaje propiciado por la misma clase política de la que Mallarino se había burlado durante cuarenta años. Sin embargo, el punto culminante de su carrera puede convertirse en un punto de inflexión tras conocer en el acto a una joven periodista.

A lo largo de sus páginas, a modo de íntima reflexión, nos plantea dudas sobre los mecanismos de la memoria, y dilemas morales acerca de los juicios de valor y la formación -en todos los aspectos-  e importancia de la opinión pública en nuestra sociedad:

“Sólo una cosa le gustaba al público más que la humillación, y era la humillación de quien ha humillado.”

la humillación, toda humillación, necesita un testigo. No existe sin él: nadie se humilla solo: la humillación en soledad no es humillación.”

Vásquez es un virtuoso dando forma a las sensaciones con sus palabras, y consigue que las veamos tan gráficamente que casi resulta un sortilegio. Y me van a perdonar el abuso de las citas, pero me resulta imposible reprimir las ganas de compartir algunos de estos magníficos alardes:

“…la admiración se había caído de los ojos de Magdalena.”

“Era un llanto sigiloso y cansado, como el de quien ya ha llorado mucho: era un resto, un sobrado de llanto.”

Sencillamente, no queda más que insistir en la grandeza de esta novela e invitarles a que la disfruten y paladeen con gran placer.

 

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