Portadas llenas de maletas y cuatro poemas del exilio

Portadas de libros con maletas

Poetas en el exilio

Cuando uno piensa en “maletas”, normalmente las relaciona con un viaje de placer… Sin embargo la mayoría de estas portadas transmiten una sensación de desasosiego, de tristeza, de añoranza. Tal vez sea por el uso de los colores grises y negros, o por el recurso de la nieve. O por el aspecto vetusto y desvencijado de la mayoría de las maletas. Por eso, lo que han traído a mi cabeza son imágenes de viajes que uno no desearía tener que hacer. Y qué peor viaje que verte obligado a abandonar tu país… Por eso he recogido los poemas de cuatro escritores que tuvieron que exiliarse y que hablan, precisamente, de ese dolor.

Rafael Alberti

Al término de la guerra civil, abandonó España y se trasladó a París, donde residió hasta que el gobierno francés de Pétain le retiró el permiso de trabajo por considerarlo un peligroso militante comunista. En 1940 cruzó el Atlántico camino de Chile. De su exilio francés es este poema, que pertenece a la obra Entre el clavel y la espada (1939-1940).

Muelle del Reloj

A través de una niebla caporal de tabaco
miro al río de Francia
moviendo escombros tristes, arrastrando ruinas
por el pesado verde ricino de sus aguas.
Mis ventanas
ya no dan a los álamos y los ríos de España.

Quiero mojar la mano en tan espeso frío
y parar lo que pasa
por entre ciegas bocas de piedra, dividiendo
subterráneas corrientes de muertos y cloacas.
Mis ventanas
ya no dan a los álamos y los ríos de España.

Miro una lenta piel de toro desollado,
sola, descuartizada,
sosteniendo cadáveres de voces conocidas,
sombra abajo, hacia el mar, hacia una mar sin barcas.
Mis ventanas
ya no dan a los álamos y los ríos de España.

Desgraciada viajera fluvial que de mis ojos
desprendidos arrancas
eso que de sus cuencas desciende como río
cuando el llanto se olvida de rodar como lágrima.
Mis ventanas
ya no dan a los álamos y los ríos de España.

 

Mario Benedetti

tras el Golpe de Estado de 1973, tuvo que abandonar Uruguay debido a sus posiciones políticas, partiendo a Buenos Aires. Su exilio duró diez años, en los que residió en Argentina, Perú, Cuba y España. El poema que leeremos a continuación, pertenece a la obra Viento del exilio (1980–1981).

Viento del exilio

Un viento misionero sacude las persianas
no sé qué jueves trae
no sé qué noche lleva
ni siquiera el dialecto que propone

creo reconocer endechas rotas
trocitos de hurras
y batir de palmas
pero todo se mezcla en un aullido
que también puede ser deleite o salmo

el viento bate franjas de aluminio
llega de no sé dónde a no sé dónde
y en ese rumbo enigma soy apenas
una escala precaria y momentánea

no abro hospitalidad
no ofrezco resistencia
simplemente lo escucho
arrinconado
mientras en el recinto vuelan nombres
papeles y cenizas

después se posarán en su baldosa
en su alegre centímetro
en su lástima
ahora vuelan cómo barriletes
como murciélagos como hojas

lo curioso lo absurdo es que a pesar
de que aguardo mensajes y pregones
de todas las memorias y de todos
los puntos cardinales

lo raro lo increíble es que a pesar
de mi desamparada expectativa

no sé qué dice el viento del exilio.

Juan Gelman

Permaneció exiliado tras el golpe de estado de 1976 en Argentina, residiendo alternativamente en Roma, Madrid, Managua, París, Nueva York y México. El siguiente poema pertenece a la obra Bajo la lluvia ajena.

XVI

No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país, no a la fuerza.
La gente queda dolorida, la tierra queda dolorida.
Nacemos y nos cortan el cordón umbilical. Nos destierran y
nadie nos corta la memoria, la lengua, las calores. Tenemos que
aprender a vivir como el clavel del aire, propiamente del aire.
Soy una planta monstruosa. Mis raíces están a miles de
kilómetros de mí y no nos ata un tallo, nos separan dos mares
y un océano. El sol me mira cuando ellas respiran en la noche,
duelen de noche bajo el sol.

Pablo Neruda

Comenzó la travesía para escapar de la persecución política del gobierno de Gabriel González Videla durante el otoño de 1949. Durante meses vivió en la clandestinidad entre en Chile, hasta que cruzó por el paso de Lilpela hacia Argentina. A mediados de abril llegó de incógnito a París. Durante su exilio vivió en Capri y Nápoles. Regresó a Chile el 12 de agosto de 1952.

 Exilio

Entre castillos de piedra cansada,
calles de Praga bella,
sonrisas y abedules siberianos,
Capri, fuego en el mar, aroma
de romero amargo
y el último, el amor,
el esencial amor se unió a mi vida
en la paz generosa,
mientras tanto,
entre una mano y otra mano amiga
se iba cavando un agujero oscuro
en la piedra de mi alma
y allí mi patria ardía
llamándome, esperándome, incitándome
a ser, a preservar, a padecer.

El destierro es redondo:
un círculo, un anillo:
le dan vuelta tus pies, cruzas la tierra,
no es tu tierra,
te despierta la luz, y no es tu luz,
la noche llega: faltan tus estrellas,
hallas hermanos: pero no es tu sangre.
eres como un fantasma avergonzado
de no amar más que a los que tanto te aman,
y aún es tan extraño que te falten
las hostiles espinas de tu patria,
el ronco desamparo de tu pueblo,
los asuntos amargos que te esperan
y que te ladrarán desde la puerta.

Pero con corazón irremediable
recordé cada signo innecesario
como si sólo deliciosa miel
se anidara en el árbol de mi tierra
y esperé en cada pájaro
el más remoto trino,
el que me despertó desde la infancia
bajo la luz mojada.
Me pareció mejor la tierra pobre
de mi país, el cráter, las arenas,
el rostro mineral de los desiertos
que la copa de luz que me brindaron.

Me sentí solo en el jardín, perdido:
fui un rústico enemigo de la estatua,
de lo que muchos siglos decidieron
entre abejas de plata y simetría.
Destierros! La distancia
se hace espesa,
respiramos el aire por la herida:
vivir es un precepto obligatorio.

Así es de injusta el alma sin raíces:
Rechaza la belleza que le ofrecen:
Busca su desdichado territorio:
Y sólo allí el martirio o el sosiego.