Portada de la novela de Amélie Nothomb, Estupor y tembloresEstupor y temblores, Amélie Nothomb

Estupor y temblores, de inspiración autobiográfica, nos cuenta la experiencia de una joven belga que durante un año trabaja para una empresa japonesa. La novela es una dura crítica al sistema laboral japonés -tremendamente jerarquizado- e, incluso, a su cultura:

Como todo el mundo sabe, Japón es el país con la mayor tasa de suicidios. Personalmente, lo que me sorprende es que no sea todavía más frecuente.

¡Ahí es nada!

La autora nos regala muchas perlas parecidas a esta en la narración de su periplo laboral que la llevó, en caída libre,  desde el departamento de contabilidad hasta el lavabo de caballeros. Su historia desprende una gran mordacidad y comicidad. También es intachable en cuanto a estilo y un derroche del absurdo muy bien tratado.

Sin embargo, reconozco que a mí no me ha cautivado. Pese a todas sus virtudes, me pareció una sucesión de anécdotas -muy ingeniosas y bien contadas-, pero en la que no se produce ningún tipo de empatía ni con la narradora ni, por supuesto, con ninguno de sus superiores. Parece como si faltara el alma de la historia, y sospecho que esa era la intención de la autora: contar sus vicisitudes de la forma más aséptica posible. Probablemente, si no se tratara de una novela tan sumamente breve, la habría abandonado.

En esta ocasión, creo que mi visión es más subjetiva que nunca porque el pero que le pongo no proviene de lo formal, sino de lo que me ha suscitado -o, en este caso, no me ha suscitado- su lectura.

Es una novela que ni podría recomendar, ni podría dejar de recomendar…

 

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