El cielo ha vuelto, Clara Sánchez

Partamos de la premisa de que tal vez -y solo tal vez- si esta novela no fuera el Premio Planeta de este año, mi opinión no sería tan crítica. Pero eso entra en el ámbito de las hipótesis, así que tendremos que ceñirnos a la realidad: las cosas son como son y, por supuesto, no las he decidido yo.

Esta novela nos cuenta el despertar a la realidad de una modelo que creía tenerlo todo. El detonante es un viaje en avión en el que casi pierde la vida, y el encuentro en el vuelo con una especie de médium que le advierte que alguien desea su muerte.

La modelo, Patricia, es muy escéptica respecto a esa revelación, pues ella es sumamente feliz y lo tiene todo en la vida: gana mucho dinero y cuenta con el amor incondicional de su familia -unos gorrones que la consideran un talonario en blanco- y su marido.

Lo del marido merece capítulo aparte, porque no tiene desperdicio. ¿Qué le ve esta chica a ese hombre?, ¡por Dios! Es un vampiro emocional,  vago, retraído y egoísta. Y como guinda del pastel, además es sucio. Lo tiene todo, vaya. Es que no hay manera de entender el cuelgue absoluto por ese zángano, por muy bueno que, según podemos deducir, sea en la cama.

El caso es que, a partir de esa “predicción”, Patricia comienza a tener algunos incidentes sospechosos, lo que la empuja a creer en las palabras de Viviana (la mística), y a comenzar una carrera (a golpe de chequera) para averiguar quién desea tan fervientemente que desaparezca del mapa.

Yo, sinceramente, no creo que necesitara gastarse una pasta gansa en todas esas pesquisas; bastaba con un poco de sentido común, pero en fin… Supongo que de alguna manera había que rellenar las páginas.

Como dije, si no estuviéramos ante el Planeta 2013, tal vez hubiera resuelto la reseña con un “novela entretenida que se deja leer, sin mayores pretensiones”. Y es que, dejando a un lado el contenido, el continente no tiene ningún atractivo especial, a no ser lo que me parecieron, desde mi ignorancia, algunas faltas de concordancia importantes. He leído algunas novelas catalogadas como “chick-lit”, que están más documentadas y/o que, al menos, te hacen reír.

Todo lo cual me lleva a concluir dos cosas. Primera: menos mal que nos queda el consuelo de novelas como Intemperie o La invención del amor, que nos hacen seguir creyendo en galardones realmente merecidos…

Y segunda: quizás hubiera sido mejor que el avión se cayera en la página cinco, con el jurado del Planeta a bordo, para evitarnos tal despropósito.